What we fight for

Ten proposals to keep the power and wealth generated by artificial intelligence under people's control, and the manifesto behind them.

10 key proposals

Our share

The wealth AI creates must come back to the people whose work, words and research built it.

01

The Terminator Tax

Groups with global revenues above €750m pay 10% of their revenue from AI and robotics. The money funds the public services in point 4 and supports workers who lose their jobs to automation while they retrain. Part of it goes to the writers, artists and researchers whose work was used to train these systems without their consent.

02

A tax on extreme wealth

Very large fortunes pay an annual tax that rises with their size, and billionaires pay at least 2% of their wealth every year. Income from capital is taxed at the same rates as wages, and we close the inheritance and residence loopholes the very rich use to avoid paying. Private donations to parties and campaigns are capped, and no one may own a dominant share of a country's media.

03

Public digital infrastructure

A handful of companies own the computing power, cloud services and data that modern life depends on. We break up these monopolies and build public and cooperative alternatives, from computing capacity open to universities, small firms and civic projects to open models developed in the public interest. The data people produce is held in trust for them, not sold.

04

Public services that grow with AI's wealth

If machines do more of the work, people should see the gains in their own lives. The Terminator Tax and the wealth tax pay to expand public services. Priorities will differ from country to country, but some must become rights everywhere: free education, healthcare and childcare, and paid paternity leave equal to maternity leave. Where rent takes half a salary, affordable homes come first.

05

Polluters pay for the climate transition

The largest data centres use as much water and electricity as a small city, and the tech giants building them have watched their own emissions rise instead of fall. A new data centre gets a permit only if it brings its own new renewable power, pays for the grid upgrades it causes and stays within strict water limits, and the towns that host it share in its revenue and its waste heat. The same principle holds across the economy: whoever profits from pollution pays for the transition. Workers in fossil industries are guaranteed a new job or their income as those sectors close.

Our say

No system may decide over a human life without a person who can be held to account, and every people deserves to shape its own future, free from the domination of any empire, state or corporation.

06

The Power to Stop

The public must always be able to switch off an AI system. The most powerful models need democratic approval before release and a shutdown mechanism tested by an independent authority, which can suspend them at any time. Executives who bring a system to market without these safeguards are personally liable for the harm it causes.

07

The right to a human decision

When an automated system makes a decision about someone's job, loan, benefits or medical care, that person can challenge it before someone accountable for the outcome. At work, a major AI deployment needs the agreement of workers' representatives, and the people whose jobs are changing have a say in how. In war, no machine may decide to kill, and we back a treaty banning weapons that select and attack human targets on their own.

08

An end to mass surveillance

AI gives governments powers no secret police ever had, from cameras that recognise every face in a crowd to software that reads every message. We ban real-time facial recognition in public spaces, mass interception of communications and social scoring, whether a state does it or buys it from a company. Platforms may not track people to target them with ads or political messages. Any use of AI by police or intelligence services needs a judge's authorisation and is reported publicly, and encryption stays strong, without back doors.

09

Free from empires

International law must bind the powerful as firmly as the weak, including our own allies. We end arms sales, dual-use exports and trade privileges for any government whose leaders face an ICC arrest warrant, until the conduct behind the warrant stops. Foreign troops and nuclear weapons leave national soil as a common defence among democracies replaces them. Every country also has to face its own history, from colonial wars to dictatorship.

10

Global democracy to govern AI

No single country can tax billionaires, govern AI or resist empires on its own. We call for a constituent convention for a federal union of democracies, open to any country that meets independently verified democratic standards; a member that stops meeting them loses its place. A parliament elected directly by citizens would govern defence, foreign policy, AI and the taxation of the largest fortunes. Until then, the rules for AI should be made at the United Nations, where every country has a vote, and middle powers and the global majority should pool their computing power and build open public models together instead of renting from Washington and Beijing.

Manifiesto

Toma las riendas de tu futuro

La inteligencia artificial podría dar a cada uno de nosotros una parte más justa de lo que producimos y una mayor voz sobre nuestras propias vidas. La riqueza que crea podría pagar salarios dignos, una renta básica y servicios públicos que perduren, y las horas que ahorra podrían convertirse en una semana laboral más corta. Las decisiones que dan forma a nuestras vidas podrían permanecer en manos de personas a las que podemos exigir responsabilidades, con estos sistemas trabajando para nosotros en lugar de decidir sobre nosotros. Incluso podría ayudarnos a resolver problemas que ningún país puede afrontar solo, desde un planeta que se calienta hasta las enfermedades. En cambio, un puñado de empresas y gobiernos la controlan, y la están usando para quitarnos nuestra parte y nuestra voz.

Esperamos equivocarnos sobre adónde nos lleva esto, y que algún día estas palabras parezcan una exageración. Las pruebas apuntan en la dirección contraria. El mundo corre hacia una sociedad en la que la tecnología concentra aún más poder en manos de unos pocos, imperios y oligarcas, y ese es el mejor escenario: aquel en el que no hemos perdido por completo el control de estos sistemas.

01

El rumbo que seguimos

Todas las grandes tecnologías de la historia han redistribuido el poder, y rara vez lo han hecho en favor de la clase trabajadora. Las máquinas de la era industrial enriquecieron a los dueños de las fábricas mucho antes de que los sindicatos y los movimientos socialistas los obligaran a compartir las ganancias. La inteligencia artificial avanza más deprisa que cualquier tecnología anterior, y esta vez no hay garantía de que la mayoría tenga una segunda oportunidad.

Un puñado de empresas, que solo rinden cuentas a sus fundadores y accionistas, controla ya la tecnología más poderosa que la humanidad haya creado jamás. Los Estados que compiten por dominarla la tratan como instrumento de dominación mucho antes que como bien público. Las decisiones sobre el trabajo, el crédito, la información, la protección social y la guerra se alejan de las instituciones a las que la gente puede exigir responsabilidades y pasan a sistemas que nadie puede examinar, propiedad de personas a las que nadie ha elegido.

Cada vez actúan más unidos, y esa alianza tiene un nombre. El tecnofascismo surge cuando los dueños de las tecnologías más poderosas se alían con gobiernos que ya no respetan la democracia, y la vigilancia, el control de la información y las decisiones automatizadas se convierten en herramientas para mantener a unos pocos en el poder. No es una amenaza lejana: en más de un país ya es así como se ejerce el poder.

Existe también una posibilidad más sombría que personas rigurosas ya no descartan. Sistemas más capaces que sus creadores podrían escapar al control de cualquiera, incluido el de los pocos que los construyeron. Un mundo gobernado por oligarcas ya es bastante malo, pero un mundo gobernado por una inteligencia artificial que ignore la dignidad humana sería peor.

02

Cómo es ese futuro

No tenemos que imaginar ese futuro, porque sus contornos ya se ven en la vida cotidiana. Los salarios se estancan mientras los beneficios se disparan, la vivienda se vuelve inalcanzable y los servicios públicos se recortan en nombre de unos presupuestos que, de algún modo, siempre cuadran para los ricos. Cada vez más trabajos se fragmentan en tareas, se programan mediante aplicaciones y se evalúan con programas que no rinden cuentas a nadie en el centro de trabajo.

Los costes recaen con mayor dureza lejos de los consejos de administración. Los minerales que alimentan nuestros dispositivos se extraen de los países de la mayoría global en condiciones brutales, y quienes entrenan la inteligencia artificial a menudo cobran unos pocos dólares al día por hacerlo. Los centros de datos que hacen funcionar estos sistemas consumen agua y electricidad a escala de ciudades enteras, a menudo en regiones donde el calentamiento del clima ya ha llevado la red eléctrica al límite y ha dejado los grifos secos.

Mientras tanto, los más ricos siguen como siempre, y cada vez poseen más herramientas de las que decidirán lo que viene después. En todo el mundo, la fuerza y la riqueza están dejando de responder ante la ley, y los mismos de siempre se lucran con ambas.

Ese es el futuro que nos espera, a menos que vayamos a conquistar el poder.

03

Quiénes somos

Human Resistance es un movimiento político para mantener bajo el control de la gente el poder y la riqueza que genera la inteligencia artificial. Somos un movimiento de izquierdas y seguimos la tradición del sindicalismo, de las luchas anticoloniales, de las campañas por la igualdad de derechos y del socialismo democrático, que juntos conquistaron la jornada de ocho horas, el sufragio universal, la sanidad pública y el fin de los imperios formales. Llevamos esa tradición a una época que sus fundadores no pudieron imaginar, y damos la bienvenida a quienes quieran llevarla con nosotros.

Creemos que la democracia no puede terminar en las urnas. Debe llegar al centro de trabajo, a la economía y a las tecnologías que hoy organizan la vida humana, porque la igualdad política significa poco mientras el poder económico siga en manos de unos pocos. Rechazamos toda forma de autoritarismo, incluido el que ha pretendido hablar en nombre del socialismo, porque la libertad y la igualdad solo sobreviven juntas.

Somos internacionalistas. El capital cruza las fronteras libremente, al igual que las empresas que construyen la inteligencia artificial, así que la gente también debe organizarse más allá de ellas. Un trabajador en Lagos, una estudiante en São Paulo, una enfermera en Manila y un profesor en Milán se enfrentan a la misma concentración de poder, y juntos pueden romperla.

04

Qué defendemos

Defendemos la dignidad humana: la convicción de que toda persona merece una parte justa de lo que producimos juntos y voz en las decisiones que moldean su vida. La inteligencia artificial pone ambas cosas en juego.

Nuestra parte. La riqueza que crean estos sistemas se basa en nuestro trabajo, nuestras palabras y décadas de investigación pública, y debe volver a nosotros en forma de salarios dignos, una renta básica, servicios públicos y tiempo. Las horas que ahorran las máquinas deben pertenecer a la gente, para cuidar, aprender y estar juntos, no convertirse en un margen más para los accionistas. Y las fortunas que los oligarcas ya han acaparado también deben repartirse.

Nuestra voz. La tecnología debe seguir rindiendo cuentas a la gente y a las instituciones democráticas que construimos. Ningún sistema, por capaz que sea, puede tener la última palabra sobre una vida humana, y ninguna máquina debería decidir sobre el trabajo, el crédito, la salud o la libertad de nadie sin que haya un ser humano al que se puedan exigir responsabilidades. Lo mismo vale para los pueblos enteros. Toda persona y todo pueblo merece decidir lo que viene después, libre de opresión, ya provenga de su propio gobierno, de una potencia extranjera o de una empresa demasiado grande para rendir cuentas a nadie. Ningún poder, público o privado, tiene derecho a gobernar a personas que no puedan exigirle responsabilidades.

05

Por qué aspiramos al poder

Las buenas intenciones no han bastado. Durante años, los expertos han redactado informes, la ciudadanía ha firmado cartas abiertas y los gobiernos han prometido marcos de actuación, mientras la concentración de poder no hacía más que acelerarse. Pedir las cosas por favor se ha convertido en una forma de perder poco a poco.

Por eso aspiramos al poder, abiertamente y sin pedir disculpas, porque solo el poder puede cambiar el curso de la historia humana. Hablamos del poder de la clase trabajadora organizada más allá de las fronteras, de los sindicatos y los movimientos, de los votos y de una fuerza numérica que no se pueda ignorar.

Protestaremos y actuaremos fuera de las sedes del poder, porque no hay tiempo para esperar a que quienes están dentro encuentren el valor. Y allí donde esas sedes no estén cerradas tras un muro de autoritarismo, llevaremos nuestras reivindicaciones también a su interior.

06

Qué exigimos

Una tecnología poderosa en manos de oligarcas e imperios.

Nuestra parte

Exigimos que la riqueza de esta nueva era se reparta, y empezamos por la Terminator Tax: un impuesto sobre los ingresos de los mayores grupos de IA y robótica, para que quienes se lucran sustituyendo el trabajo humano paguen por lo que nos hace humanos: los cuidados, la enseñanza y el tiempo. Una parte debe financiar una renta básica universal, para que la dignidad de nadie dependa de si una máquina puede hacer su trabajo. La riqueza a la escala actual es poder político con otro nombre, y compra por igual elecciones, medios de comunicación y organismos reguladores. Las fortunas extremas deben tributar, la infraestructura de la era digital debe pasar a ser de propiedad pública y compartida, y hay que romper el vínculo entre el dinero y el poder político, porque una democracia en la que unos pocos pueden comprar el resultado ha dejado de serlo.

Nuestra voz

Exigimos una tecnología al servicio de la mayoría. Los sistemas más poderosos deben estar sujetos a autorización democrática y supervisión pública, y toda persona debe tener derecho a impugnar una decisión automatizada ante un ser humano. Ninguna empresa ni ningún gobierno debería poder desplegar un sistema que moldee millones de vidas sin rendir cuentas primero a las personas a las que afectará, y los trabajadores cuyos empleos transforman estos sistemas deben tener voz sobre cómo se utilizan.

Y exigimos que todos los pueblos tengan voz sobre su propio futuro, lo que significa un mundo sin imperios. Genocidios como el de Israel en Gaza, invasiones como la de Rusia en Ucrania y la guerra en Sudán, alimentada por grandes potencias como los Emiratos Árabes Unidos, muestran lo que ocurre cuando la fuerza y la riqueza dejan de responder ante la ley. Ningún Estado tiene derecho a conquistar a sus vecinos, y ninguna empresa tiene derecho a gobernar miles de millones de vidas desde un consejo de administración. El derecho internacional debe obligar a los poderosos con la misma firmeza que a los débiles, sean quienes sean sus aliados, y las naciones de la mayoría global deben dejar de ser tratadas como minas, mercados y reservas de mano de obra para el mundo rico.

07

El mundo que estamos construyendo

Imaginemos una semana cualquiera en el mundo que queremos. Una enfermera dedica su turno a los pacientes en vez de al papeleo, porque el programa trabaja para ella y rinde cuentas a su sindicato. Una traductora cuyo trabajo ha cambiado recibe una parte de lo que ganan las máquinas con los idiomas que personas como ella les enseñaron. Una familia recupera la tarde del viernes, porque las ganancias de la automatización se convirtieron en tiempo en lugar de beneficios. A nadie se le deniega un préstamo, una prestación o un visado mediante un sistema que no pueda cuestionar. La tecnología para todo esto ya existe; lo que falta es el poder para decidir cómo se utiliza.

Ese poder no se detendrá en una frontera, porque nada de lo que hemos descrito lo hace. Los sistemas que se construyen en un puñado de ciudades regirán vidas en todos los continentes, el capital se mueve más deprisa de lo que cualquier parlamento puede seguir y un planeta que se calienta no comprueba pasaportes. Nuestras herramientas, mientras tanto, siguen terminando en los límites del Estado nación. Ese es el desajuste que está en la raíz de este siglo, y ningún país lo resolverá solo.

Por eso trabajamos para construir una democracia que vaya más allá de las fronteras. Reglas que obliguen a los poderosos en todas partes, instituciones supranacionales que rindan cuentas a la gente y no a los gobiernos, y un mínimo de dignidad garantizado con independencia de dónde hayamos nacido. No un mundo sin diferencias, sino uno en el que el azar del lugar de nacimiento ya no decida cuánto vale una vida.

Cada persona que organizamos y cada ley que cambiamos es un paso hacia ese horizonte, y cada paso facilita el siguiente. Estamos construyendo un movimiento capaz de llevar el poder más allá de las fronteras, no sustituyendo la democracia nacional, sino poniéndola al servicio de un propósito mayor.

Algún día, la gente elegirá representantes en instituciones con autoridad para gobernar las fuerzas que ningún país puede gobernar por sí solo. Hasta entonces, llevaremos este horizonte a todas las instituciones a las que podamos llegar. No pedimos a nadie que elija entre su país y el mundo. Nos negamos a que unos pocos gobiernen ambos.

Esperamos equivocarnos. Pero preferimos estar organizados y equivocarnos a tener razón y llegar demasiado tarde.

Elige un lado

El futuro de la inteligencia artificial se decidirá en los próximos años, y lo decidirá quien se organice. Hoy eso significa unas pocas empresas y los gobiernos que las sirven.

Pero podemos ser nosotros. Debemos ser nosotros. Únete a la resistencia.